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LA UTILIZACIÓN DEL GÉNERO CUENTO DE HADAS EN LAS CLASES DE ESPAÑOL (ELE)
Los jóvenes están cada vez cultivando menos el hábito de lectura de textos literarios, a causa de la fuerte atracción que otras actividades más modernas ejercen sobre ellos como, por ejemplo, ver televisión, jugar a juegos electrónicos, utilizar el ordenador, etc. La mayoría de los alumnos no ven la lectura de textos literarios escritos en su lengua materna como una actividad atractiva y significativa, al contrario, para ellos, se trata de una actividad exhaustiva, aburrida y compleja. Y, como consecuencia, dejan de aprovechar toda riqueza, creatividad y expresividad de esos textos.
Esa situación se vuelve peor cuando esos textos se encuentran escritos en otro idioma, ya que cualquier lengua extranjera es vista, por la mayoría de los alumnos, como una enorme barrera lingüística. Por ello, no es por casualidad que a menudo los profesores de lengua extranjera escuchan de sus alumnos el conocido comentario: “¡Ni siquiera sé bien el portugués, imagine inglés o español!”
Basado en dicha problemática, creemos que proponer un trabajo con cuentos de hadas (textos con estructura y lenguaje sencillo y trama de fácil comprensión) puede ser una buena manera de rescatar el interés por la lectura de textos tradicionales, un interés que, como ya hemos dicho, sigue siendo olvidado por los alumnos. Además, pensamos que el trabajo con cuentos de hadas - género textual con temática universal, carácter lúdico y muy conocido por los alumnos desde la niñez - puede favorecer mucho el contacto, el aprendizaje y el desarrollo de la pasión de los alumnos por la nueva lengua extranjera estudiada en las escuelas brasileñas: la lengua española.
El género cuento de hadas
Los cuentos de hadas son narraciones ficticias caracterizadas por la presencia de magia, seres fantásticos folclóricos (hadas, brujas, duendes, elfos, sirenas, etc.) y animales parlantes en sus tramas. Son historias de origen popular, que se repiten con pequeñas diferencias en distintas culturas. Autores como Perrault, los Hermanos Grimm y Andersen fueron los principales responsables por la conservación de esa gran riqueza cultural, por medio de la escritura. En diferentes épocas, esos escritores hicieron recopilaciones de varios cuentos populares transmitidos oralmente por generaciones (evidentemente cambiando, quitando o añadiendo hechos).
Inicialmente, esos cuentos eran dirigidos a un público esencialmente adulto, sólo muy posteriormente pasaron a ser asociados a la literatura para niños. Por eso, las versiones originales no solían tener un final feliz como los tienen en la actualidad. Dichos finales se han cambiado a lo largo del tiempo, para que no resulten muy dramáticos para los niños, una vez que esos cuentos son ampliamente utilizados en la formación educativa de ellos.
Ese tipo de género textual presenta los siguientes rasgos:
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Son textos con trama, estructura y lenguaje sencillo, por ello de fácil asimilación;
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La narrativa es la tipología textual propia de esos textos;
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Esas historias son narradas en tercera persona, por medio de un narrador omnisciente;
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Generalmente, hay la presencia de diálogos en esos textos;
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Los tiempos verbales del pasado (principalmente pretérito indefinido y pretérito imperfecto) son predominantes en ese tipo de género;
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Sus personajes son arquetípicos;
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Posee contenido y lenguaje simbólico;
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Trata de motivos universales: bondad, amor, fidelidad, amistad, justicia, responsabilidad, obediencia, tolerancia, apariencias engañosas, etc.
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No se precisa el lugar y el tiempo en que la historia se desarrolla;
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Tiene fórmulas lingüísticas y repeticiones: érase una vez, y fueron felices para siempre, etc.;
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Generalmente, presenta un mensaje final en forma de moraleja;
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Tiene la función de entretener, dar alas a la imaginación, moralizar y enseñar deleitando.
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El cuento de Blancanieves
El cuento de hadas Rapunzel
En un país muy lejano vivía una bella princesita llamada Blancanieves, que tenía una madrastra, la reina, muy vanidosa.
La madrastra preguntaba a su espejo mágico y éste respondía:

- Tú eres, oh reina, la más hermosa de todas las mujeres.
Y fueron pasando los años. Un día la reina preguntó como siempre a su espejo mágico:
- ¿Quién es la más bella?

Pero esta vez el espejo contestó:
- La más bella es Blancanieves.
Entonces la reina, llena de ira y de envidia, ordenó a un cazador:
- Llévate a Blancanieves al bosque, mátala y como prueba de haber realizado mi encargo, tráeme en este cofre su corazón.
Pero cuando llegaron al bosque el cazador sintió lástima de la inocente joven y dejó que huyera, sustituyendo su corazón por el de un jabalí.
Blancanieves, al verse sola, sintió miedo y lloró. Llorando y andando pasó la noche, hasta que, al amanecer llegó a un claro en el bosque y descubrió allí una preciosa casita.
Entró sin dudarlo. Los muebles eran pequeñísimos y, sobre la mesa, había siete platitos y siete cubiertos diminutos. Subió a la alcoba, que estaba ocupada por siete camitas. La pobre Blancanieves, agotada tras caminar toda la noche por el bosque, juntó todas las camitas y al momento se quedó dormida.
Por la tarde llegaron los dueños de la casa: siete enanitos que trabajaban en unas minas y se admiraron al descubrir a Blancanieves.
Entonces ella les contó su triste historia. Los enanitos suplicaron a la niña que se quedase con ellos y Blancanieves aceptó, se quedó a vivir con ellos y todos estaban felices.
Mientras tanto, en el palacio, la reina volvió a preguntar al espejo:
- ¿Quién es ahora la más bella?
- Sigue siendo Blancanieves, que ahora vive en el bosque en la casa de los enanitos...

Furiosa y vengativa como era, la cruel madrastra se disfrazó de inocente viejecita y partió hacia la casita del bosque.
Blancanieves estaba sola, pues los enanitos estaban trabajando en la mina. La malvada reina ofreció a la niña una manzana envenenada y cuando Blancanieves dio el primer bocado, cayó desmayada.
Al volver, ya de noche, los enanitos a la casa, encontraron a Blancanieves tendida en el suelo, pálida y quieta, creyeron que había muerto y le construyeron una urna de cristal para que todos los animalitos del bosque pudieran despedirse de ella.
En ese momento apareció un príncipe a lomos de un brioso corcel y nada más contemplar a Blancanieves quedó prendado de ella. Quiso despedirse besándola y de repente, Blancanieves volvió a la vida, pues el beso de amor que le había dado el príncipe rompió el hechizo de la malvada reina.
Blancanieves se casó con el príncipe y expulsaron a la cruel reina y desde entonces todos vivieron felices.
Rapunzel 
Había una vez un hombre y su esposa que por largo tiempo esperaron en vano por un hijo. Al fin la mujer supo que Dios estaba por concederles el deseo. Esta gente tenían en su casa una ventana en la parte de atrás desde la cual se veía un espléndido jardín, lleno de las más bellas flores y hierbas. El jardín, sin embargo, estaba rodeado por un gran muro, y nadie intentaba entrar en él porque pertenecía a una "hechicera" que tenía grandes poderes y era temida por todo el mundo. Un día la esposa estaba en la ventana mirando hacia abajo al jardín cuando vio una era que estaba plantada con bellísimos rapunzeles (= rapónchigo o nabiza: planta campanulácea de raíz comestible). Y las vio tan frescas y verdes que suspiraba por ellas y le entró el gran antojo de comer algunas.
Ese deseo se incrementaba día a día, y como ella sabía que no podía coger ninguna, fue perdiendo su salud, y se veía pálida y miserable. Entonces su esposo se alarmó y preguntó:
-"¿Qué es lo que te sucede, querida esposa?"-
-"¡Ay, si yo no pudiera obtener alguno de los rapunzeles, que están en el jardín atrás de la casa, para comerlos, me moriría."-
El hombre, que la amaba mucho, pensó:
-"Antes que dejar que mi mujer se muera, le traeré algunos rapunzeles, no importa lo que cueste."-
Al medio oscurecer del final de la tarde, escaló y atravesó el muro cayendo sobre el jardín de la hechicera, rápidamente cogió un racimo de rapunzeles y se los llevó a su esposa. Inmediatamente ella se hizo una ensalada y se la comió con mucho gusto. A ella, sin embargo, le gustaron tanto, tanto, tanto, que al día siguiente estaba tres veces más antojada que antes. Si él debía tener algún reposo, debería ir otra vez más al jardín. En la penumbra del atardecer, sin embargo, él bajó de nuevo el muro, pero cuando había bajado al suelo, se asustó terriblemente pues encontró a la hechicera parada a su lado.
-"¿Cómo te atreves"- dijo ella con una mirada furiosa, -"descender dentro de mi jardín y robarme los rapunzeles como un ladrón? ¡Sufrirás por ello!"-
-"Oh"- contestó él, -"deja que la misericordia tome el lugar de la justicia, yo sólo lo hacía por necesidad. Mi esposa ha visto sus rapunzeles desde la ventana, y ha sentido tan grande antojo por ellos, que moriría si no le llevo algunos para comer"-
Entonces la hechicera dejó que se calmara su enojo, y le dijo:
-"Si el caso es como lo dices, te permitiré llevar contigo todos los que quieras, solamente con una condición, deben darme la creatura que tu esposa traerá al mundo. Será muy bien tratada, y yo cuidaré de ella como una madre."-
El hombre, aterrorizado, consintió en todo, y cuando nació la creatura, la hechicera apareció al momento, le dio a la creatura el nombre de Rapunzel, y se la llevó con ella.

Rapunzel se desarrolló como la niña más bella bajo el sol. Cuando cumplió los doce años, la hechicera la encerró en una torre, dentro del bosque, que no tenía puertas ni escaleras, excepto una pequeña ventana arriba. Cuando la hechicera quería subir, ella se paraba exactamente abajo de la ventana y gritaba:
-"Rapunzel, Rapunzel,
tírame tu cabellera a mí."-
Rapunzel tenía una exuberante cabellera larga, muy fina y de un color dorado, y cuando ella oía la voz de la hechicera, se soltaba las prensas que la sostenían, la amarraba de una de las barras de la ventana, y entonces la dejaba caer veinte metros hacia abajo, y la hechicera subía por medio de ella.
Como uno o dos años después, sucedió que el hijo del rey, recorriendo el bosque, llegó a la torre. Entonces el oyó una canción de una voz tan tierna que paró y se quedó escuchando. Era la voz de Rapunzel, que en su soledad pasaba el tiempo haciendo resonar su dulce voz. El hijo del rey quería subir hasta ella, y buscó la puerta que no encontró. Él regresó al hogar, pero el canto tocó tan profundamente su corazón, que todos los días iba al bosque a escucharla. Un día, cuando él estaba parado detrás de un árbol, vio que la hechicera llegó allí, y escuchó lo que gritaba:
-"Rapunzel, Rapunzel,
tírame tu cabellera a mí."-
Entonces Rapunzel bajó las trenzas de su cabello, y la hechicera subió hasta ella.
-"Si esa es la escalera por la que uno sube, probaré por esta vez mi fortuna."- dijo él.
Y al siguiente día, cuando empezaba a oscurecer, él fue a la torre y gritó:
-"Rapunzel, Rapunzel,
tírame tu cabellera a mí."-
Inmediatamente la cabellera bajó y el hijo de rey subió. Al principio, Rapunzel quedó terriblemente atemorizada cuando un hombre como sus ojos nunca habían conocido, llegó donde ella. Pero el hijo del rey comenzó a hablarle como un amigo, y le contó que su corazón estaba tan conmocionado que no tenía descanso, y que se había visto forzado a verla. Entonces Rapunzel perdió su temor, y cuando le preguntó que si ella lo tomaría por esposo, y ella vio que era joven, apuesto y bueno, pensó:
-"Él me amará más que la vieja hechicera."- y dijo sí, y puso sus manos en las de él.
Ella le dijo:
-"Estoy decidida a ir contigo, pero yo no sé como bajar. Trae contigo un ovillo de seda cada vez que vengas, y yo tejeré una escalera con ellos, y cuando esté lista, yo descenderé y podrás llevarme en tu caballo."-
Ellos acordaron que mientras llegaba ese momento, él vendría cada atardecer, ya que la vieja mujer llegaba en las mañanas. La hechicera no sabía nada de eso, hasta que un día inocentemente Rapunzel le dijo a ella:
-"Dime señora, por qué sucede que eres mucho más pesada para mí de subirte, que el joven hijo del rey? - él estará conmigo más tarde-"-
-"Ah já, chica malvada"- gritó la hechicera, -"¿Qué es lo que he oído que dijiste? Yo creía que te había separado del mundo, pero me has engañado."-
En su enojo ella agarró las bellas trenzas de Rapunzel, las enrolló en su mano izquierda, sostuvo unas tijeras con la derecha, y tras, tras, tras, todas fueron cortadas, y las adorables trenzas quedaron en el suelo. Y estuvo tan sin piedad que se llevó a Rapunzel a un desierto donde tuvo que vivir en gran pesadumbre y miseria.
Ese mismo día en que mudó de sitio a Rapunzel, la hechicera al atardecer ató todas las trenzas que había cortado del cabello de la muchacha, las amarró a las barras de la ventana, y cuando el hijo del rey llegó y gritó:
-"Rapunzel, Rapunzel,
tírame tu cabellera a mí."-
dejó caer las trenzas. El hijo del rey ascendió, pero no encontró a su amada Rapunzel, sino a la hechicera, que le lanzaba malvadas y venenosas miradas.
-"¡Ah já!"- gritaba mofándose, -"Hubieras alcanzado a tu apreciada, pero el bello pájaro no se sienta más en el nido para cantar, el gato la ha capturado, y te arrancará sus ojos también. Rapunzel está perdida para ti, nunca más la volverás a ver."-
El hijo del rey se confundió todo con dolor, y en su desesperación saltó desde lo alto de la torre. Él escapó con vida, pero las zarzas en que cayó le agujerearon los ojos. Entonces anduvo errante y ciego por el bosque, comiendo únicamente raíces y bayas, y no hacía más que lamentarse y llorar por la pérdida de su amada esposa.
Así él vagó miserablemente por varios años, y al fin llegó al desierto donde estaba Rapunzel, quien con los gemelos que ella había dado a luz, un niño y una niña, vivían en desdicha.
Él oyó una voz, y le pareció tan familiar que corrió hacia donde la oía, y cuando llegó, Rapunzel lo reconoció y arrecostándolo sobre su cabeza, lloró. Dos de sus lágrimas le humedecieron sus ojos, y le devolvieron la vista y pudo ver tan bien como antes. Él entonces la llevó a su reino donde fue recibido con júbilo, y en adelante vivieron muy felices y contentos.
Enseñanza:
Ante las dificultades, nunca debe perderse la esperanza.
